Tras el batacazo futbolero de ayer, en el que no pienso extenderme, el día ha transcurrido con normalidad. El metro bien y yo sigo con muchísima hambre. Ahora me ha dado por pensar en la historia del anuncio de Metro de Madrid. Sí, esa que de repente una señora se pone de parto- la atiende un viajero doctor- contacta con el marido por el móvil- consigue llegar al hospital sin bajarse del vagón. Pues bien, todas las mañanas cada vez que el metro se atiborra de pasajeros el la línea 4 pienso lo mismo. Si le pasa en este vagón en lugar de en el del anuncio, no sólo no llega al hospital sino que no la dejarían subir y, de conseguirlo, estaría por ver si alguien le cede el asiento. Queridos amigos se han perdido las formas. Además de que ninguno de los estrujados viajeros tenemos pinta de médicos y esta línea no tiene cobertura telefónica.
En general nada que destacar. No es de extrañar que con días así alguno de mis lectores no pueda evitar emitir algún que otro bostezo al leer estas líneas. Me temo que aparte de la inspiración que a veces no acompaña uno no es precisamente intrépido.
Hoy coliflor de primero y después filete con patatas. De postre plátano.
Su amigo,
El fraile
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