Hoy he encontrado una carta que escribí en 1997, un 25 de agosto. Por aquel entonces estaba viviendo hacía ya un año en Manchester. Apenas unos días antes de que falleciera Diana de Gales. Es curioso como en aquellas líneas hacía referencia, entre otras cosas, a aquello que echaba de menos de España. Supongo que es lo típico que todo el que tiene que marchar fuera de su país añora: amigos y familia, gastronomía, el buen tiempo, el azul del cielo de Madrid. Por aquellos días andaba preocupado con un posible cambio de casa, la que tenía era un poco cara y en esas fechas terminaba la ayuda de empresa de que disponía. Llovía torrencialmente cuando me puse a escribir, lo recuerdo muy bien porque no había visto nunca llover de aquella manera.
Hoy también echo mucho de menos cosas que dejé allí, especialmente a mi amigo Dave, “el Pelos”. Recuerdo con cierta nostalgia la atmósfera de los pubs, siempre con Ana y Susana como compañeras de tertulias y regadas con buenas “pintas” de Stella. Mis favoritos eran The Station y The Wine (quizá los más feos). Me gustaban jugar a los dardos y los potentes desayunos que seguían a las fiestas de los fines de semana. Cada vez en casa de alguien distinto.
Recuerdo la amabilidad de la gente en los comercios, el cariño de los vecinos que siempre se aseguraban de que no estuviera desatendido en las fechas más señaladas: Navidad, Halloween, Bon fire. Parece mentira para quien no haya estado allí, pero no he conocido nunca una comunidad tan cálida y hospitalaria como aquella de Sale, mi barrio.
También me gustaban mucho los programas de televisión, especialmente las comedias, y el ambiente de mi trabajo. Me traje muy buenos recuerdos e hice muy buenos amigos. Seguro que dentro de otros 8 años podré escribir sobre recuerdos similares que me dibujarán una sonrisa en la boca al pensar en ellos.
Hoy también echo mucho de menos cosas que dejé allí, especialmente a mi amigo Dave, “el Pelos”. Recuerdo con cierta nostalgia la atmósfera de los pubs, siempre con Ana y Susana como compañeras de tertulias y regadas con buenas “pintas” de Stella. Mis favoritos eran The Station y The Wine (quizá los más feos). Me gustaban jugar a los dardos y los potentes desayunos que seguían a las fiestas de los fines de semana. Cada vez en casa de alguien distinto.
Recuerdo la amabilidad de la gente en los comercios, el cariño de los vecinos que siempre se aseguraban de que no estuviera desatendido en las fechas más señaladas: Navidad, Halloween, Bon fire. Parece mentira para quien no haya estado allí, pero no he conocido nunca una comunidad tan cálida y hospitalaria como aquella de Sale, mi barrio.
También me gustaban mucho los programas de televisión, especialmente las comedias, y el ambiente de mi trabajo. Me traje muy buenos recuerdos e hice muy buenos amigos. Seguro que dentro de otros 8 años podré escribir sobre recuerdos similares que me dibujarán una sonrisa en la boca al pensar en ellos.
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