Cuando salí esta mañana de casa ya se perfilaba un día gris en lo meteorológico. Como de costumbre fui al quiosco para comprar el diario y amenizar así el trayecto en metro. No ha podido ser, ¡cómo venía de atiborrada la línea 4!, difícil de explicar. El periódico ha quedado inédito, no me he atrevido ni hacer amago de abrirlo. Además he tenido la fatalidad de sentir en mi espalda el codo de una esbelta morena que se afanaba en no perder el equilibrio a mi costa. En fin, no puedo culparla, a veces queda uno atrapado en mitad del vagón sin posibilidades de agarrarse a ningún sitio. El que diseñó estos coches seguro que no viaja en ellos.
El siguiente trasbordo fue mucho más liviano. Ya al salir me encontré con una señora a la que habitualmente ayudo a bajar el carrito del niño por las escaleras. Es muy curioso pues me habrá sucedido al menos media docena de veces. O bien me está esperando, o la regularidad del metro de Madrid y de las costumbres de esta buena mujer son coincidentes. Ya es casualidad. A partir de ese momento comenzó a llover y aún a esta hora continúa haciéndolo con generosidad.
El día por lo general, regular, un poco flojo a la hora de la comida y eso yo lo acuso mucho. Además me he notado con los primeros síntomas del resfriado que, unido a que no soy precisamente un valiente, me han hecho sentir algo débil.
El retorno ha casa ha sido mucho mejor, siempre se me pasa mucho más rápido que el camino de ida, aún siendo el mismo recorrido.
El siguiente trasbordo fue mucho más liviano. Ya al salir me encontré con una señora a la que habitualmente ayudo a bajar el carrito del niño por las escaleras. Es muy curioso pues me habrá sucedido al menos media docena de veces. O bien me está esperando, o la regularidad del metro de Madrid y de las costumbres de esta buena mujer son coincidentes. Ya es casualidad. A partir de ese momento comenzó a llover y aún a esta hora continúa haciéndolo con generosidad.
El día por lo general, regular, un poco flojo a la hora de la comida y eso yo lo acuso mucho. Además me he notado con los primeros síntomas del resfriado que, unido a que no soy precisamente un valiente, me han hecho sentir algo débil.
El retorno ha casa ha sido mucho mejor, siempre se me pasa mucho más rápido que el camino de ida, aún siendo el mismo recorrido.
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