Wednesday, November 09, 2005

Historias de Kronen

De camino a casa de vuelta del trabajo, como todos los días hice el trasbordo en Avenida de América, de la línea circular (gris) a la siete (naranja). Tengo por costumbre situarme en el andén central, de manera que desde allí puedo coger el metro en ambos sentidos. La única utilidad de esta maniobra es que cuando el vagón abre las puertas lo hace primero en mi lado.

Me llamó la atención la presencia de dos quinceañeras que, situadas en frente mía, estaban montando una gran algarada. Completando la escena, a mi lado estaban dos individuos jóvenes, de aspecto rumano, acordeón en mano. Enseguida se cruzaron miradas y se lió la de san Quintín. Las mozas les gritaron que qué…. estaban mirando. Aquí empezó una escena surrealista. Uno de los del acordeón, empleando un acento como los de “primo larry”, se dirigió a las chavalas preguntándoles la edad. Ellas respondieron airadas haciendo referencia al tamaño de los genitales de ellos. La conversación continuó, uno de los rumanos sonriente se dirigió a una de las chavalas y le dijo “tú eres un poco gorda”, pero como quien dice un piropo. La verdad es que la aludida sí que estaba bastante rellenita, pero en fin, supongo que no es prudente el pregonarlo en medio del andén. Las mozas que ya de por sí andaban pasadas de revoluciones, dedicaron una batería de insultos gordísimos a sus contertulios. Yo aproveché para distanciarme un poco de aquel altercado, pero sin perder detalle. Una de las jóvenes interpeló a los músicos algo así como: “cabrones iros a vuestro país”. Bien, la verdad es que si en ese momento se fueran a su país todos los no nacidos en la Península que se encontraban presenciando la escena, la línea siete no sería la línea siete.

Yo no quería ni imaginar qué sucedería si los cuatro coincidían en el mismo vagón. A todo esto, la gordita se puso a lanzar escupitajos a los mozos. Bueno esto es una cochinada mayúscula, pero qué destreza. Cruzaba de largo de un lado a otro. Por suerte cuando llegó el metro los del acordeón no subieron, no quiero ni pensar qué podría haber sucedido con aquellas bestias.
Yo no tengo muy claro si la caída del Imperio Romano se produjo por el acoso exterior de los bárbaros o bien porque éstos ya habitaban en Roma. En fin, estamos cada día más locos.

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