Thursday, November 24, 2005

De mi primer trabajo y otras vicisitudes

El Mº de Trabajo y Asuntos Sociales ha tenido a bien remitirme el informe de mi vida laboral. Mi primer trabajo data del 24 de julio de 1990. Han pasado más de 15 años. Como experiencia laboral fue bárbara, era de turno de noche y no estaba nada mal pues se trataba de un banco, ni más ni menos.

Mi cometido era de especial relevancia, entre otras cosas, me encargaba de limpiar de grapas la documentación bancaria que se remitía desde las sucursales. Una vez eliminada, los hacía pasar por una máquina lectora. La verdad es que no se me daba nada mal y encima podía decir aquello de que trabajaba en un banco. Fue además la primera vez que gané dinero y no sabía qué hacer con él.

La primera semana de trabajo me tuvieron buscando de planta en planta y de edificio en edificio el “libro de los corresponsales muertos”. Por supuesto que después del primer día tenía la certeza de que tal manual no existía, pero seguí el protocolo y continué con la búsqueda de manera disciplinada. Aprendí un montón de un mundo, el laboral, que por aquel entonces me era del todo ajeno. Recuerdo a mis compañeros de turno, en su mayoría varones y que se las sabían todas (turno de noche en el CAT, menuda escuela). Gente en torno a los cuarenta años y que llevaban toda su vida en el banco. Como compañero de mesa estaba Germán, un hombre que daba miedo sólo mirarle. Tenía una barba muy abundante y negra, gafas de pasta, fumaba como un carretero y estaba muy gordo. Guardaba una petaca de whisky en su cajón y de cuando en cuando …Me ayudó mucho desde el primer día y se rió a mi costa unas cuantas veces. Aprendí mis primeros “palabros” para definir a los jefes: farfollas (*) y camuñas; también mis primeros refranes: "el que vale, vale, y si no a jefe de cuarta en el BBV". Siempre he preferido trabajar con gente que va de cara por muy ásperas que sean las formas. En los descansos salíamos del edificio y nos dirigíamos al club del banco, donde jugábamos una partida de billar que en ocasiones se alargaba más de lo permitido. Tuve también compañeros que me llamaban “niño de papá”, niñato, enchufado y otras lindezas pero la verdad es que yo ya estaba curtido en mil batallas de mi periplo en los Maristas. El que ha sobrevivido a los envites de Toro, Dani y los hermanos Casaseca tiene mucho camino rodado. Algún día contaré historias de ellos.

Con el dinero que obtuve me compré un SEAT 124, si llego a saber la gasolina que gastaba me lo hubiera pensado dos veces.

(*) cosas de mucha apariencia y poca entidad

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