Hoy ha seguido lloviendo de lo lindo en Madrid, a mí me encantan estos días, creo que desde siempre. Recuerdo de mi época escolar el olor a tierra mojada, el pausado tintineo del agua golpeando las ventanas empañadas de mi clase en los días de frío y lluvia. La montonera de abrigos que apenas cabía en los percheros de la clase y nuestras “pedazo” de botas Katiuscas que nos permitían saltar en todos los charcos. Teníamos la suerte de contar con un “patio cubierto” por lo que nos estaba permitido disfrutar de los mismos turnos de recreo de todos los días. Eso sí, jugar al fútbol se hacía mucho más difícil, nos juntábamos los de siempre pero en un espacio mucho menor. Otras veces nos llevaban al salón de actos y nos entretenían con la proyección de filminas, generalmente con temática misionera o de vida y milagros de santos. También recuerdo a Don Ángel que siempre nos hablaba de lo beneficioso de las precipitaciones, y las setas que se cogerían en su pueblo. Para al final del día regresar, en el autobús de la línea 40, con mi hermano Jaime en un trayecto saturado de tráfico. Lo pasábamos de lo lindo acompañados de Morales, Álvaro Croque y los gemelos Medina.
Volviendo a la realidad de la vida y pidiendo disculpas por lo empalagoso de mis recuerdos, esto de la lluvia resulta tan incómodo como necesario. Qué rabia me ha dado pisar una baldosa de la calle que no estaba bien sujeta al pavimento, me ha calado entero al apoyarme sobre ella, en fin gajes del oficio.
Volviendo a la realidad de la vida y pidiendo disculpas por lo empalagoso de mis recuerdos, esto de la lluvia resulta tan incómodo como necesario. Qué rabia me ha dado pisar una baldosa de la calle que no estaba bien sujeta al pavimento, me ha calado entero al apoyarme sobre ella, en fin gajes del oficio.
No comments:
Post a Comment