Hace ya algún tiempo encontré publicada en prensa una fotografía de la explosión de una estrella. Había ocurrido hace millones de años. El artículo destacaba la mayor calidad y resolución de la instantánea obtenida, en comparación con una tomada diez años atrás del mismo fenómeno.
He de reconocer que estos temas me gustan aunque no he profundizado seriamente en ellos. En ambas imágenes se estaba fotografiando el pasado. Increíble, un suceso ocurrido hace una barbaridad de años puede ser captado en la actualidad.
Una vez leí que el Universo era finito pero ilimitado. Estas afirmaciones, como proceden de fuentes científicas, yo las doy por buenas aunque me confieso incapaz de comprenderlas (ahora me imagino la galaxia con forma de donuts).
Al igual que con las imágenes, supongo que lo mismo pasa con la voz. Un sonido o palabra, viaja incesante desde el momento de ser emitido, alejándose de nosotros pero sin llegar a desaparecer nunca.
Si conociéramos cómo (con la tecnología adecuada), podríamos recuperar las conversaciones del mismísimo Julio César, escuchar a los filósofos griegos, deleitarnos con María Callas o recuperar nuestras primeras palabras. Yo me imagino todos estos sonidos viajando de alguna manera por ese universo ilimitado y finito. Me asombra pensar que de alguna manera, estamos ante una forma de eternidad.
He de reconocer que estos temas me gustan aunque no he profundizado seriamente en ellos. En ambas imágenes se estaba fotografiando el pasado. Increíble, un suceso ocurrido hace una barbaridad de años puede ser captado en la actualidad.
Una vez leí que el Universo era finito pero ilimitado. Estas afirmaciones, como proceden de fuentes científicas, yo las doy por buenas aunque me confieso incapaz de comprenderlas (ahora me imagino la galaxia con forma de donuts).
Al igual que con las imágenes, supongo que lo mismo pasa con la voz. Un sonido o palabra, viaja incesante desde el momento de ser emitido, alejándose de nosotros pero sin llegar a desaparecer nunca.
Si conociéramos cómo (con la tecnología adecuada), podríamos recuperar las conversaciones del mismísimo Julio César, escuchar a los filósofos griegos, deleitarnos con María Callas o recuperar nuestras primeras palabras. Yo me imagino todos estos sonidos viajando de alguna manera por ese universo ilimitado y finito. Me asombra pensar que de alguna manera, estamos ante una forma de eternidad.
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