Wednesday, October 05, 2005

Filomeno a mi pesar

Hay un personaje en una novela de Torrente Ballester que responde al nombre de Filomeno (Filomeno a mi pesar, memorias de un señorito descolocado, Ed planeta). Un nombre nada al uso el del protagonista, como quizá pronto lo será el mío entre tantos “Alvaros”, “Sergios” , y “Rubenes”. Filomeno es un personaje divertido, observador y sobre todo desubicado.

Recuerdo estar en el colegio, tercero de BUP, en clase de lengua con Don Pablo Partido. Nos comentó las diferencias económicas que existen en Europa respecto a América Latina, eran abismales. Siempre contaba historias, sospecho que ni a él le gustaba su asignatura: Un rico de allá lo era muchísimo más que el de acá, y en cambio allí, la mayoría de la gente era pobre. Hasta ahí bien, cuando salimos al patio mi amigo Oscar Vicario me formuló una pregunta que no supe responder: oye ¿vosotros en tu casa sois ricos? Mi respuesta fue “no sé”. La verdad es que no tenía ni idea de cómo responder, sabía que pobre no era, había visto los documentales del Domund. Por otro lado sabía que no me faltaba de nada, pero mis amigos tenían paga y yo no, los reyes de mis compañeros de clase eran siempre más generosos que los míos, pero ellos no tenían un montón de hermanos, ellos compraban un donuts en el recreo y yo me llevaba galletas de casa.

Fue ese año cuando conocí la existencia de marcas de ropa, cuando cambié mis vaqueros Larry por unos Lee. Me daba pena porque ya no me dirían aquel chascarrillo de “larry, la risa del barrio” y además que a mí lo que me gustaba era heredar la ropa de mis hermanos mayores.

Soy capaz de acordarme de los nombres y apellidos de la mayoría de compañeros que estudiaron conmigo en el colegio, incluso aún hoy los paro por la calle para saludarlos, pero puedo recordar, y creo no faltar a la verdad, que no conocía la ocupación de sus padres, de ninguno de ellos. Tanto es así que no sabía ni en qué trabajaba el mío, sí que conocía dónde, pero ni remotamente conocía su cometido ni qué puesto ocupaba.

El bueno de Jacobo se dormía en clase, Burgos tenía cuatro dedos en una mano, Daniel era más malo que un dolor, lo contrario que el bueno de Sequera que siempre se llevaba las culpas de todo, Ramos siempre llevaba pantalón corto fuese invierno o verano. No puedo recordar nada que me indicara si mis compañeros eran ricos o pobres. Algún día contaré historias del colegio, muy socorridas cuando uno se ha librado de la mili y no puede contar batallas ( je, je Patrullero, yo me libré) , éramos unos borricos pero desubicados al igual que Filomeno.

1 comment:

Anonymous said...

Filomeno, nombre ciertamente bonito.